vida, ociosa e inútil? Y, como
coronamiento de todo eso, ¿qué puedes decir de tu conducta respecto a Katucha? ¡Eres un miserable!
¿Qué importa el juicio de los demas? Tú puedes engañados, pero no puedes engañarte a ti mismo.»
Y comprendió que el objeto de una aversión que él sentía desde hacía algún tiempo, y sobre todo
aquella noche no eran ni los hombres ni el viejo príncipe, ni Sofía Vassilievnna, ni Mis sy, ni Kornei,
sino él mismo, y, ¡cosa extraña!, aquel [...]
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